Si alguna vez has entrado en una librería y te has topado con una mesa etiquetada Libros para mujeres —portadas en rosa pálido, títulos que prometen que encuentres tu mejor yo antes del jueves—, ya sabes cuál es el problema.
Que algo se venda como «libro para mujeres» no dice nada del libro. Dice que alguien decidió que eras un segmento de mercado con tres preocupaciones asignadas de fábrica —belleza, maternidad, autoestima— y que se te podía servir cualquier cosa que las rozara. Varios de los que vienen después los leí cuando eran novedades y no clásicos, y esa mesa no los tenía entonces ni los tiene ahora.
Lo que sigue es lo contrario de esa mesa: quince libros. Antes de empezar, una palabra sobre cómo están citados.
Todos tienen edición en castellano, y doy el título por el que vas a encontrarlos aquí, con el original entre paréntesis. Una recomendación que te obliga a leerla en inglés no es una recomendación: es un obstáculo con buenas intenciones.
De dónde viene todo esto
El segundo sexo, de Simone de Beauvoir (Le Deuxième Sexe, 1949), sigue siendo el libro que reorganiza la conversación entera. Su tesis no es que ser mujer sea difícil; es que ser mujer es una construcción histórica y no un destino biológico, y una vez que lo lees ya no puedes dejar de verlo funcionando a tu alrededor. Son unas ochocientas páginas, pero está escrito en ensayos y se puede entrar y salir. Yo leo la traducción de Alicia Martorell para Cátedra, en la colección Feminismos, con prólogo de Teresa López Pardina. Es la versión española de referencia, y no hay ninguna razón para mandarte a una traducción inglesa desde un sitio escrito en castellano.
Una habitación propia, de Virginia Woolf (A Room of One’s Own, 1929), es el ensayo más corto de la lista y el que más gente cita sin haberlo leído. Va de dinero. Quinientas libras al año y una puerta con pestillo: Woolf calcula, con una frialdad que sorprende, cuánto cuesta materialmente que una mujer escriba. Casi un siglo después, la cuenta sale parecida.
Calibán y la bruja, de Silvia Federici (Caliban and the Witch, 2004), cuenta cómo el capitalismo naciente necesitó la caza de brujas y el trabajo doméstico gratuito para levantarse. Es historia económica y explica tu cocina. La edición española es de Traficantes de Sueños, de 2010, con el subtítulo «Mujeres, cuerpo y acumulación originaria».
Teoría King Kong, de Virginie Despentes (King Kong Théorie, 2006), es breve, áspero y nada consolador. El libro se llama así, y lo subrayo porque circula por internet rebautizado como «La revolución femenina», que no es título suyo ni de nadie: en español lo publicó primero Melusina y después Literatura Random House. Despentes no cree en la pureza, cree en la libertad, y escribe como quien no piensa pedir permiso.
Vidas contadas desde dentro
Los años, de Annie Ernaux (Les Années, 2008), es la cima de lo que ella llama autobiografía impersonal: una vida narrada en plano general, casi sin «yo», con Francia entera pasando por detrás. El original es de 2008, no de los setenta; lo de 1974 corresponde a Les Armoires Vides, su primera novela, y la confusión es tan fácil de cometer como de comprobar. En castellano lo edita Cabaret Voltaire, con traducción de Lydia Vázquez Jiménez. Ernaux recibió el Nobel de Literatura en 2022.
El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite (1978), es el libro que falta en todas las listas de este tipo, y su ausencia dice bastante de quién las hace. Una mujer recibe una visita nocturna y, hablando con un desconocido de madrugada, reconstruye la infancia, la guerra y los años de posguerra desde dentro. Hace lo mismo que hace Ernaux, diez años antes y en nuestro idioma. Ganó el Premio Nacional de Narrativa en 1978. Leídos seguidos, los dos libros explican el siglo.
Lágrimas en H Mart, de Michelle Zauner (Crying in H Mart, 2021), va de una hija que pierde a su madre y descubre que la lengua que compartían era la comida. Anoto el título español porque circula sin traducir y así no hay quien lo encuentre en una librería de aquí. Es un libro sobre el duelo que no consuela, y funciona precisamente por eso.
El cuerpo lleva la cuenta, de Bessel van der Kolk (The Body Keeps the Score, 2014), explica cómo el trauma se aloja en el cuerpo y por qué la memoria no se comporta como esperamos. Yo lo leo como lo que es: divulgación de altura, no un manual clínico. Cuenta muy bien una hipótesis; no reparte diagnósticos, y quien te lo venda como si los repartiera se equivoca. La edición española es de Eleftheria, traducida por Montserrat Foz Casals.
Novelas que se sostienen solas
Departamento de especulaciones, de Jenny Offill (Dept. of Speculation, 2014), son menos de doscientas páginas en fragmentos sobre un matrimonio que se agrieta. Se lee en una tarde y se piensa durante meses. Lo publica Libros del Asteroide.
Piranesi, de Susanna Clarke (2020), transcurre en una casa infinita llena de estatuas y de mareas, y no voy a contar nada más porque el libro se estropea si te lo cuentan. Ganó el Women’s Prize for Fiction en 2021, diecisiete años después de la novela anterior de su autora. En español lo edita Salamandra, con traducción de Antonio Padilla.
Tan poca vida, de Hanya Yanagihara (A Little Life, 2015), son setecientas páginas sobre una amistad de treinta años y sobre un dolor que no se cura. Ese es su título en castellano, en Lumen, traducido por Aurora Echevarría; lo he visto citado como «Una vida pequeña», que es una traducción literal de nadie. Y una advertencia de las de verdad: contiene abuso, autolesión y muy poca clemencia. No es un libro para una semana mala.
El clamor de los bosques, de Richard Powers (The Overstory, 2018), enlaza nueve vidas a través de los árboles y consigue lo que casi nunca consigue la novela ecológica: no sermonea. Ganó el Pulitzer de ficción en 2019 y lo publica AdN, el sello de narrativa de Alianza.
El mundo, y lo que le viene
Una trenza de hierba sagrada, de Robin Wall Kimmerer (Braiding Sweetgrass, 2013), lo escribe una botánica que además es ciudadana de la Nación Potawatomi, y consiste en poner el conocimiento científico y el saber indígena a hablar sin que ninguno humille al otro. Es lento a propósito. Capitán Swing lo publicó en 2021, con traducción de David Muñoz Mateos.
El color de la justicia, de Michelle Alexander (The New Jim Crow, 2010), sostiene que el encarcelamiento masivo en Estados Unidos funciona como un sistema de castas racial con otro nombre. Doy el título completo porque en español no se llama «El nuevo Jim Crow»: es El color de la justicia. La nueva segregación racial en Estados Unidos, en Capitán Swing. Es duro de leer y complicado de rebatir.
La parábola del sembrador, de Octavia Butler (Parable of the Sower, 1993), es el único de los quince que da algo parecido a miedo. Butler lo publicó en 1993 y lo ambientó en 2024. Esa fecha es el dato que más me interesa del libro entero: escribió sobre incendios, agua cara y comunidades amuralladas tres décadas antes, y no acertó por adivinar, sino por mirar. En Capitán Swing, con traducción de Silvia Moreno Parrado.
Por dónde empezar
Si tienes que elegir uno solo, elige por el ánimo y no por el prestigio. Para pensar con la cabeza fría, Beauvoir o Federici. Para ver una vida entera desde arriba, Ernaux y después Martín Gaite, en ese orden. Para leer sin que nadie te pida nada, Piranesi. Y si estás en una temporada de las que se sostienen con dificultad, Yanagihara no; Kimmerer sí.
Quédate con esto, si te quedas con algo: ninguno de estos quince es una lectura obligatoria, el gusto es personal y no admite corrección. Pero ninguno te va a hacer perder una tarde por una fecha inventada o un título que no existe, y eso, en una lista de libros, debería ser el suelo y llevaba demasiado tiempo sin serlo.
Hablemos de lo que estás leyendo
Cada mes leo cosas que no acaban en ninguna lista: relecturas, abandonos en la página cuarenta, hallazgos raros que no le sirven a nadie más. Si quieres que te cuente qué está funcionando y qué no, y por qué, hay una carta mensual. Conversación directa conmigo sobre qué importa en el acto de leer, y ninguna lista cerrada de nada.
Dónde conseguirlos
Casi todos están en catálogo y se piden en cualquier librería de barrio, que suele tardar dos o tres días y no cobra por el encargo. Las bibliotecas públicas prestan buena parte de ellos, y muchas prestan también en digital y en audio. Los de Capitán Swing, Traficantes de Sueños y Cabaret Voltaire se compran además en las webs de las propias editoriales, y ahí el margen se queda donde se hizo el libro.
Lee también
Directoras de cine — lo mismo en el cine, salvo que allí la lista no llegó a escribirse.
El síndrome del impostor a los cincuenta — por qué leer tanto no termina de convencerte.
Viajar sola — ocho destinos, y tiempo de sobra para leer.