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La Dama Erudita

Salud

Qué es la microbiota intestinal — cómo funciona y cómo se cuida

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La palabra microbiota está en todas partes: en el yogur, en la farmacia, en la boca de quien te dice que «tomes algo para la flora». Pero si te pregunto qué hace y cuánto está demostrado, la respuesta se te quedará corta. No por falta de interés: por falta de que alguien te lo cuente entero, con la parte que no vende nada.

Divulgación, no consulta: esto no sustituye a que te vea tu médica, y menos si algo se ha torcido y no se endereza.

Qué es la microbiota intestinal, dicho con precisión

Es el conjunto de microorganismos —bacterias sobre todo, también arqueas, hongos y virus— de tu tubo digestivo, casi todos en el colon. No son inquilinos silenciosos: fermentan lo que tú no puedes digerir, fabrican moléculas que tus células usan y dialogan con tu inmunidad.

Empiezo por una cifra que verás repetida en todas partes y que no es verdad: que tienes diez bacterias por cada célula humana. Salió de un cálculo de 1972 que nadie comprobó en cuarenta años; hecho el recuento son unos 38 billones frente a unos 30 billones de células humanas, según Sender, Fuchs y Milo en PLOS Biology: una por una. Y por eso lo cuento: una estimación provisional se vuelve dato, y el dato argumento de venta.

Dos cosas más. No existe una microbiota correcta: dos mujeres sanas de la misma edad y dieta pueden alojar comunidades muy distintas y estar las dos bien. Y es un sistema vivo, que se mueve con lo que comes, duermes y tomas.

Microbiota, microbioma y flora intestinal no son lo mismo

Microbiota es la comunidad: quiénes están. Microbioma son sus genes y su actividad: qué saben hacer. Flora intestinal es el término antiguo, del vocabulario botánico. Cuando un producto promete «equilibrar la flora», vende una idea simple: que hay un equilibrio conocido y que ese frasco te lleva a él.

Qué hace tu microbiota todos los días

Fermenta la fibra y fabrica ácidos grasos de cadena corta

Tu intestino delgado no rompe la mayor parte de la fibra. Tus bacterias sí: la fermentan en el colon y producen ácidos grasos de cadena corta —butirato, propionato y acetato—. El butirato es el que importa, y con cifra: su oxidación cubre entre el 70 y el 80 % de las necesidades energéticas de las células maduras del colon. Tu pared se alimenta del trabajo de tus bacterias, y ese es el motivo real por el que la fibra importa. La AESAN lo dice por el otro lado, en su informe sobre la menopausia: los integrales actúan «restaurando la diversidad del microbiota intestinal y aumentando los ácidos grasos de cadena corta intestinales».

De ahí sale la permeabilidad intestinal: que la barrera se vuelva más permeable es real y medible; convertirlo en el diagnóstico que lo explica todo, del cansancio a las alergias, no lo autoriza la evidencia.

Participa en la producción de algunas vitaminas

Algunas bacterias producen vitamina K2 y varias del grupo B. Y el matiz que casi nadie añade: la EFSA concluyó que la evidencia sobre la absorción y la función de las menaquinonas es insuficiente. Yo lo leo como una función más del sistema, no como excusa para dejar de comer verdura de hoja.

Educa a tu sistema inmunitario

Buena parte del tejido inmunitario vive en la pared del intestino: una revisión de Nature Reviews Immunology lo llama el compartimento más grande del sistema inmunitario. Tus bacterias contribuyen a que esas células distingan lo inofensivo de lo amenazante, y que un entrenamiento pobre explique el aumento de alergias sigue siendo hipótesis. Y ahí está lo que a mí me sigue pareciendo raro: que la tolerancia se aprenda, que haya que presentarle lo inofensivo para que lo tolere.

Habla con tu cerebro, aunque no como te lo han contado

El eje intestino-cerebro existe, y el tráfico es de ida y vuelta. Lo que se cuenta mal es la serotonina: la mayor parte de la del cuerpo está en el intestino, cierto, pero la fabrican células de la propia pared, las enterocromafines. El trabajo de referencia, en Cell, mostró que ciertas bacterias esporuladas estimulan esa producción, y lo mostró en ratones.

Lo que a mí me interesa de ese estudio no es el titular, es de quién es el mérito: la serotonina la fabricas tú, y las bacterias son el estímulo, no la fábrica. Diferencia mínima en el mecanismo, enorme en lo que se puede vender. Añade que la del cerebro se sintetiza allí, a partir del triptófano que cruza la barrera hematoencefálica, y se cae entero el eslogan del yogur que te pone de buen humor.

Si lo que arrastras es un cansancio que no se arregla durmiendo, la microbiota es una pieza y no el cuadro: el agotamiento crónico casi nunca tiene una sola causa.

Qué es la disbiosis, y cuánto pesa esa palabra

Disbiosis significa desequilibrio: una comunidad empobrecida, poco diversa o desplazada hacia especies que inflaman de más. No es una infección y no sale de una analítica. Te cuento lo que esa palabra no tiene, porque es lo que se calla cuando te la aplican. No tiene definición acordada: un análisis en mBio revisó 554 trabajos que la usan y cada grupo la usaba a su manera. Ni patrón de referencia: no existe una microbiota normal contra la que compararte. Quien te la vende como etiqueta clínica te vende precisión inexistente.

Suele asociársele:

  • Hinchazón persistente después de comer
  • Un tránsito impredecible
  • Digestiones complicadas sin cambiar la dieta
  • Intolerancias nuevas
  • Cansancio que no cede
  • Piel que no responde a lo tópico

Y la advertencia, porque sin ella la lista es irresponsable: ninguno de ellos es específico. Todos aparecen en la celiaquía, el intestino irritable, un problema tiroideo, la perimenopausia y media docena más, alguno serio. Encajar en la lista no es tener disbiosis: es razón para que alguien te mire con criterio.

Y hay cosas que no esperan: sangre en las heces, pérdida de peso que no buscabas, dolor abdominal importante o que te despierta, fiebre o anemia. Eso no es cosa de la flora. Se cuenta en consulta.

Cómo cambia a lo largo de tu vida

La comunidad se forma en los primeros años y luego es razonablemente estable. Y sobre el ciclo quiero ser exacta: que la microbiota oscile con él se repite mucho y yo no he encontrado datos que lo sostengan. Lo que sí está descrito, en una revisión sobre síntomas digestivos y ciclo menstrual, es que las mujeres con intestino irritable empeoran alrededor de la regla.

La microbiota y tus estrógenos

Hay bacterias intestinales capaces de actuar sobre los estrógenos, y el conjunto de genes que lo permite tiene nombre propio: el estroboloma. La AESAN recoge el mecanismo en el informe ya citado, así que no es una ocurrencia de blog; tampoco es un hecho cerrado, y esa distancia importa demasiado para resumirla. Está en microbiota y menopausia, con el cuadro de la etapa en los síntomas de la perimenopausia.

Qué la daña

Comer poca fibra y poca variedad. Es el factor más determinante y el menos comentado. Una dieta monótona produce una comunidad monótona, aunque sea monótonamente sana.

Los antibióticos. Son medicina legítima, a veces imprescindible, y arrasan poblaciones que no eran el objetivo. El trabajo que mejor lo ha medido, en Nature Microbiology, siguió a doce adultos tras cuatro días de tres antibióticos potentes: la comunidad volvió cerca del punto de partida en mes y medio, pero nueve especies comunes seguían sin detectarse a los ciento ochenta días. Doce personas, todas hombres.

El sueño desordenado y el estrés sostenido. Aquí bajo el volumen, pero no a cero: la composición de la microbiota oscila a lo largo del día en ratones y en personas, y se desordena con el trabajo a turnos y el desfase horario. Del estrés hay menos: asociaciones y mecanismos en animales. De ahí a «el cortisol te destruye la flora» hay un salto que dan los titulares, no los datos.

El alcohol. Irrita la mucosa y se asocia con desplazamientos en la composición bacteriana. Y el argumento de los polifenoles del vino es el mejor ejemplo que conozco de una verdad pequeña usada para tapar una grande: existen, y los tienes en media docena de alimentos sin etanol dentro. La AESAN, sobre el alcohol, no se anda con matices: «es bien conocido su efecto deletéreo sobre la osteoporosis y la sarcopenia». Lo que le hace a los sofocos está en el artículo de la menopausia.

Los ultraprocesados. Favorecen a unas poblaciones y desplazan del plato lo que alimenta al resto.

Cómo cuidarla

Primero, fibra, y sobre todo fibra variada

No hay atajo, hay un orden, y este es el que yo seguiría. Lo primero no es un suplemento: son plantas distintas, porque cada tipo de fibra alimenta a bacterias diferentes. La EFSA fija en 25 g diarios la ingesta adecuada, las revisiones sistemáticas de The Lancet de 2019 sitúan el mayor beneficio entre 25 y 29 g, y la AESAN la sube a 30-45 g en la etapa menopáusica, avisando de que por encima de 50 g estorba la absorción de otras cosas. La mayoría de nosotras estamos lejos: ANIBES midió 12,5 g al día de media en España.

En una dieta mediterránea, sin nada raro: legumbres tres o cuatro veces por semana, verdura en las dos comidas, fruta entera, integrales y frutos secos.

Sobre la variedad hay un dato muy citado que merece su letra pequeña. El American Gut Project encontró microbiotas más diversas en quienes comen más de treinta tipos de planta a la semana que en quienes no llegan a diez; la comparación se hizo entre unas ochenta y cinco personas de los extremos, y es una correlación. Aun así, la variedad no cuesta dinero.

Y súbela por tramos: de golpe produce gases, y mucha gente lo deja ahí convencida de que le sienta mal. No le sienta mal. Le sentó rápido.

Después, fermentados, y no todos cuentan

Un alimento fermentado no es lo mismo que uno con bacterias vivas, y las listas que circulan los mezclan. El consenso de la ISAPP las separa, y la frontera es el calor: donde ha entrado un horno o un pasteurizador no queda nada vivo. Eso deja fuera el pan, el vino, casi toda la cerveza y el café.

Los que llegan vivos ya los tenemos en casa: kéfir y yogur con cultivos vivos, chucrut, kimchi y los encurtidos en salmuera de toda la vida —aceitunas aliñadas, pepinillos en sal, no en vinagre—. Sin calentar después: leer la etiqueta y buscarlos en el refrigerado.

Y sí, hay un ensayo que lo mide: treinta y seis adultos, diez semanas, dieta rica en fermentados o rica en fibra. Con fermentados subió la diversidad y bajaron diecinueve proteínas inflamatorias; con fibra se mantuvo estable. No resta a la fibra, cuyo respaldo está en las enfermedades que evita: son dos herramientas y quiero las dos.

Polifenoles

Los polifenoles son compuestos vegetales que tus bacterias transforman en metabolitos antiinflamatorios: aceite de oliva virgen extra, bayas, granada, alcachofa, té y cacao puro. Se solapan con la lista de alimentos antiinflamatorios, y ese efecto pasa por el intestino.

Probióticos y prebióticos: qué son y qué está demostrado

Un probiótico, en la definición de consenso, es un microorganismo vivo que en cantidad adecuada aporta un beneficio para la salud. Un prebiótico es un sustrato que tus microorganismos utilizan de forma selectiva: los mejor estudiados son la inulina y los fructo y galactooligosacáridos, en achicoria, alcachofa, ajo, cebolla, puerro y plátano poco maduro.

Tres cosas que rara vez llegan a la etiqueta, y las tres las publica la ISAPP. Los efectos son específicos de cepa: no basta leer Lactobacillus, porque cepas de la misma especie hacen cosas distintas. No colonizan de forma permanente. Y más unidades formadoras de colonia no es mejor: es un número fácil de imprimir en grande.

Y ahora la parte que zanja el asunto, y la digo yo porque en el envase no va a estar. Para la AESAN, poner «probiótico» en una etiqueta ya es en sí una declaración de propiedades saludables, y solo cabe junto a una autorizada. Y autorizadas hay las que hay: la Unión Europea ha autorizado una sola declaración de propiedades saludables para un probiótico, y lo que dice es que los cultivos vivos del yogur mejoran la digestión de la lactosa en las personas con problemas para digerir la lactosa. Una. Ahí acaba el terreno ganado.

Yo ya hacía la compra cuando el bífidus llegó al yogur, y de ahí a la cápsula con nombre de cepa y precio de perfume la ciencia de debajo ha avanzado despacio. El envase, muchísimo.

Cuándo puede tener sentido

Hay una excepción con números detrás. Acompañando un antibiótico, dos cepas concretas —Lactobacillus rhamnosus y Saccharomyces boulardii, entre 5 y 40 mil millones de unidades al día— reducen la diarrea asociada: la revisión Cochrane reúne 33 ensayos y 6.352 participantes, con un 8 % de casos frente al 19 %, certeza moderada. Eso no es «un probiótico»: es esa cepa, a esa dosis. Y la revisión es en niños.

Fuera de ahí, en una mujer sana que come variado, un frasco de cápsulas no ha demostrado beneficio añadido. Si vas a probar: una cepa identificada, seis u ocho semanas y una valoración honesta. Consúltalo antes si estás inmunodeprimida, y los suplementos a partir de los cuarenta los reviso uno a uno.

Se cultiva o se descuida

Tu microbiota no está «bien» ni «mal». Es un ecosistema que cultivas o descuidas, y responde rápido: un cambio marcado de dieta le mueve la composición en un solo día. Consolidarlo lleva meses. Una comida mala no destruye nada y una semana difícil tampoco.

Y si me quedo con una sola cosa: lo que mejor le sienta es lo más barato de esta página. Plantas variadas, algo fermentado que llegue vivo, sueño, moverte y menos alcohol. Nadie ha conseguido patentar eso, y por eso nadie te lo repite. Y la nutrición femenina en cada etapa es el marco donde encaja.

Se añade una planta más. Y se deja trabajar a un sistema que lleva haciéndolo toda tu vida.

Preguntas frecuentes

¿Sirven de algo los tests de microbiota que se venden por internet?
Hoy, poco. Devuelven un listado de especies y una interpretación muy por delante de lo afirmable, sin patrón de referencia. Como curiosidad, adelante. Para decidir sobre tu salud, no.

¿Cuánto tarda en cambiar la microbiota?
Rápido en composición, lento en consolidarse: semanas o meses de constancia. Y si dejas de sostenerlo, vuelve donde estaba.

¿Puedo arreglar mi microbiota si estoy tomando antibióticos?
Durante el tratamiento, la prioridad es completarlo. Después ayuda lo mismo con más insistencia: fibra variada, fermentados, sueño. Y la expectativa correcta: meses, no dos semanas.


Fuentes


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